Palacio del Rey Moro de Ronda

El Palacio del Rey Moro de Ronda encierra dos de los escenarios románticos más bellos de España. Los jardines de Forestier y la Mina del Agua devuelven al viajero la estampa de una ciudad inmortalizada por la literatura (Manuel Mateo Pérez en el blog: ocholeguas.com). (Ampliar información)

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Historia del Palacio del Rey Moro

Los precedentes históricos más antiguos provienen de una mina de origen árabe, sobre la que debía de haber existido una construcción de época medieval. Leyendas no confirmadas sitúan su construcción en la época del rey de Ronda Abomelic, periodo durante el cual surtía de agua a la ciudad. Se conservan algunos elementos constructivos, como pilares de ladrillo y bóvedas de medio cañón.

En 1709 aparece censada ya una vivienda propiedad de don Diego Benítez, que luego pasa por cesión a las religiosas de la Madre de Dios, que la transmitieron en el mismo año de 1709 a don Francisco Durán y Valiente, quien por testamento la cedió a don Jaime Vilches Durán en el año 1729. En 1767 la casa fue comprada por don Jacinto Salvatierra, recibiendo numerosas reformas. A partir de ese momento la casa es sucesivamente heredada por los sucesores y adquirida por varios propietarios hasta que finalmente es comprada por doña Trinidad Scholtz, duquesa de Parcent. Es bajo su propiedad, cuando la casa adquiere su fisionomía definitiva. En esencia se trata de varios edificios del siglo XVIII, que fueron unificados a comienzos del siglo XX. Como elementos sobresalientes destacan las dos torres cuadradas de ladrillo visto, los numerosos vanos de la fachada, dispuestos de forma irregular, y la cubierta de teja vidriada. Durante esta última etapa Forestier realiza los diseños de los jardines actuales. La casa es hoy propiedad de la anticuaria rondeña doña Carmela Hernández.

Jardines del Palacio del Rey Moro

Fueron diseñados por el paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier (1861-1930). Las obras comenzaron el año 1912 por encargo de la duquesa de Parcent, propietaria del palacio. Forestier fue uno de los grandes renovadores del arte de la jardinería a finales del siglo XIX. A él se debe una nueva valoración del jardín andaluz de aliento musulmán.

Forestier ideó una suerte de jardines colgantes aprovechando huecos en el cortado del río Guadalevín, que en árabe significa río de la leche. El jardín responde a una traza de evocación andalusí con la regularización y ordenación de raíces europeas occidentales. Los toques cerámicos, los emparrados sobre columnatas, los arriates, las escalinatas y los suelos de barro cocido caracterizan este delicado lugar desde donde se advierte una vista inenarrable de los barrios antiguos de la ciudad y el Tajo que el Guadalevín dibuja a uno de sus lados.

Los jardines se hallan adosados a la fachada meridional de la casa, siguiendo la cuesta de Santo Domingo, y limitada en el otro frente por el profundo corte del Tajo. Para su construcción se hizo necesario el relleno del terreno, conformando una extensión de unos 200 m2, estructurada en tres terrazas. En la zona más elevada se construyó un depósito de agua, para que fuera descendiendo por su propio peso por los estanques, surtidores, y para el riego de las plantas. En la zona más baja se construyó una amplia cisterna para servir de reserva en épocas de sequía.

Los jardines parecen inspirarse en los cármenes granadinos, por su disposición en terrazas, el uso de elementos derivados de la jardinería andalusí y por el juego de las perspectivas internas y externas. La excelente ubicación de los jardines junto al Tajo de Ronda es uno de los componentes estéticos más importantes del jardín. Otro de los aspectos sobresalientes de su ubicación son las perspectivas hacia los monumentos que los rodean: el Palacio de Salvatierra, la Puerta de Felipe V, los Baños Árabes de Ronda y la iglesia del Padre Jesús con la fuente de los ocho caños, situada en la plaza delantera al otro lado del Tajo tras atravesar el puente viejo.

El jardín está dispuesto en tres terrazas, que ocupan tres niveles descendentes, unificadas por el eje central del agua que baja por un canal de cerámica hasta el estanque situado en la terraza inferior. De esta forma se consigue la unidad dentro de una extraordinaria variedad, que no llega a agobiar al espectador, sino que lo envuelve, mostrándole claramente las mejores vistas y perspectivas en cada momento.

En la primera terraza hay una fuente baja de cerámica con surtidor, del que mana el agua que luego va descendiendo a las siguientes terrazas. Unas escaleras conducen a la segunda terraza, por cuyo centro transcurre el canal, que divide en dos zonas iguales el jardín y que conduce el agua hasta la tercera terraza, a la se desciende por una escalinata semicircular, que rodea el estanque allí situado.

La vegetación está formada por plantas traídas de Francia y de Bélgica, con otras de origen mediterráneo andaluz, como los emparrados, los rosales, glicinias, setos de boj, naranjos, mimosas, cipreses, palmeras, adelfas y mirtos. Existe un gran número de plantas olorosas, especialmente rosales, que adquieren un gran protagonismo, la trepadora Wisteria sinensis, los geranios, así como una gran número de macetas de barro, que posibilitan la transformación y los cambios estacionales. Los árboles son principalmente de carácter ornamental: naranjos, acacias, palmeras y pinos, que le otorgan al jardín un aspecto mediterráneo.

Los elementos decorativos están formados por los bancos de cerámica azul, el agua que se desplaza por los canales y surtidores, o se remansa en los estanques, y los emparrados situados sobre los muros de las terrazas y las pérgolas de madera. Al final y como cierre de una perspectiva, que sigue expandiéndose hasta el horizonte de la campiña serrana, se ha situado el brocal de un pozo, que está rodeado por una pequeña plazoleta, de la que se puede disfrutar sosegadamente en un banco.

Historia de la Mina del Agua

El jardín conduce a través de unas escalinatas abiertas a un lado del palacio a la entrada de la Mina del Agua, horadada a principios del siglo XIV cuando el rey castellano Alfonso XI tenía en jaque constante al reino nazarí de Granada. Por aquella época uno de los bastiones inexpugnables de los musulmanes era Ronda. Los granadinos pidieron ayuda al rey de Fez Yusuf Abu Jacub cuyo hijo Ab dul-Malik, llamado por los cristianos Abomelic, desembarcó con un ejército de infantería de más de 7000 jinetes en Algeciras derrotando a los castellanos.

Tras esta victoria Abomelic se proclamó rey de Ronda y construyó en la ciudad no solo nuevos palacios y mezquitas sino que además la dotó de una obra de ingeniería única, cuyo objetivo era subir agua desde el río hasta la población salvando la altura del conocido Tajo de Ronda. Para ello, Abomelic mandó diseñar una de las más memorables obras de la antigüedad en España", una ancha escalera en zigzag excavada en la roca y cubierta por un ingenioso sistema de bóvedas encabalgadas. Ciento noventa y cuatro escalones separan su entrada de las orillas del río Guadalevín.

En ella esta la Sala del Manantial iluminada por muros de celosía, donde se sospecha que debió haber un pozo hoy cubierto, desde el que se extraía agua mediante una noria. Una cadena humana de esclavos cristianos apresados en la guerra bajaba y subía a la ciudad con los zaques o envases de pellejos (n la frontera se hizo famosa la expresión: "¡En Ronda mueras acarreando zoques!").

Más abajo y construido desde el río se desarrolla una poderosa torre militar que servía para defender la aguada y como poterna o salida secreta de la ciudad para escapar. La sala de Armas dispone de espacio para armas y calderas para defender la puerta exterior con agua o aceite hirviendo desde la ventana central. La sala de los Secretos, donde no se escucha en el centro lo que se habla desde una esquina a otra, fue en origen otro pozo para suministro de agua a la guarnición.

Sobre la torre se halla la terraza de la Conquista, desde donde se vigilaba el Tajo y se defendía el asedio en primer lugar. El conjunto militar de la mina es único en España y posee sorprendentes soluciones de ingeniería y arquitectura perfectamente conservadas hasta nuestros días, salvando los sesenta metros de desnivel desde la ciudad hasta el lecho del río.

La Mina del Agua, declarada Bien de Interés Cultural desde el año 1943, está salpicada de leyendas. La imaginación popular ha visto palacios ocultos, baños de reinas, caballeros encadenados y damas que vagan su espíritu por sus galerías. Esas y otras leyendas se conocen por textos históricos desde la conquista de Ronda por los reyes católicos en 1485 bajo el mando del marqués de Cádiz quien lo asaltó por el río, rindiéndose la población sedienta poco después.

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