Antoni Gaudí
Gaudí es indiscutiblemente uno de los genios del arte del siglo XX. Su hacer se funde con su manera de entender la arquitectura como un arte integrador, simbólico y total dentro de un mundo natural. Las obras iniciales de Gaudí se apoyaban en una hibridación y reinterpretación de los estilos históricos: sobre todo los medievales —gótico y mudéjar—, asociados con el pasado nacional, muy de moda en la época que constituían lo habitual dentro del eclecticismo reinante. (Ampliar información)
La creación continúa incesantemente por mediación de los hombres; el hombre no crea: descubre y parte de ese descubrimiento. Los que buscan las leyes de la naturaleza para formar nuevas obras, colaboran con el creador.
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Arquitectura española
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Gaudí era conocedor tanto de la arquitectura e ideas que corrían por Europa como de las españolas; de la vanguardia del momento y del pasado. Se interesó por la estética y por la filosofía. Gracias a todo ello, elaboró un estilo personal que evolucionó desde unas primeras obras neomudéjares, neogóticas, en las que ya apuntan sus rasgos característicos, hacia un naturalismo: una abstracción formal basada en la observación y en el estudio.
Gaudí y la Naturaleza
La deuda con la naturaleza (el replanteamiento de nociones geométricas primigenias, mucho más complejas que las formadas por meros círculos, rectángulos o cuadrados y sus proyecciones volumétricas) y la innovadora utilización de la luz se resumen en una conjunción armónica.
Las alegorías de los vegetales, de los animales, del movimiento, incluso de los fenómenos climáticos, están presentes en todas sus obras maduras. Cuando Gaudí se plantea hacer un parque como el Parque Güell no se plantea dominar la naturaleza, sino por el contrario, cómo emularla y presentar todos sus caprichos. El viento, el agua y su fluir, el mar, acompañan a monumentos como La Pedrera, que parece un gran bloque de piedra modelado por las fuerzas de la naturaleza. Gaudí se fija en cómo la naturaleza vence a la gravedad y en qué formas son las más resistentes; cuál es la forma de una cueva, de una montaña, de las orillas de un lago, de los nidos de las termitas, de los hormigueros, de las guaridas que crean los animales que, como el hombre, viven en sociedades... Su percepción de estos detalles y su filosofía natural son excepcionales y se puede decir que casi únicas en la historia de la arquitectura.
Las obras de Gaudí apenas conocen la línea recta; podría decirse que todas las formas están integradas entre sí, creando un continuo ondulante sin rupturas, como en la naturaleza en la que todo se presenta entretejido. Tanto en los exteriores como en la decoración interior, la plástica natural, la simplicidad y la funcionalidad orgánicas son las propiedades que caracterizan hasta los más pequeños detalles de los diseños de Gaudí.
Gaudí y la decoración
Gaudí concibe sus obras de una forma integrada, de una forma total, tanto en su vertiente arquitectónica y geométrica como en sus aspectos representativos y simbólicos. La decoración es estructura dentro de su mundo visual, y la estructura necesita de los detalles y de los adornos, para ser arte, completo y acabado Por ello, el color y la forma, minuciosamente estudiados, perfectamente matizados, son utilizados por Gaudí en cada uno de los elementos —estructurales y decorativos— de sus obras plasmados en las más diversas texturas y en los más distintos materiales.
Maestro del racionalismo constructivo y del funcionalismo, Gaudí fue un arquitecto que se preocupaba de todas y cada una de las partes de sus proyectos, de todos y cada uno de sus detalles. Puso el mismo empeño en el diseño de las fachadas de sus edificios que en el de las salas que estos contenían; dedicaba el mismo tiempo al diseño de los pomos de las puertas de las habitaciones que al de las verjas de forja que circundaban las fincas.
Su dominio de los oficios del mundo de la construcción —de la albañilería a la forja, pasando por la ebanistería— facilita su conocimiento y su manejo de los materiales, de las formas y de los colores, que plasma en la perfecta ergonomía y sorprendente precisión de muebles, pavimentos y revestimientos, y que se justifican en relación al conjunto donde se incluyen, con el que armonizan a la perfección.
Gaudí consideraba los muebles como elementos estructurales introducidos en el interior de la casa y en contacto íntimo con sus ocupantes. En el diseño de muebles es esencial conocer las razones sobre el uso a que van destinados, así como las propiedades intrínsecas del material empleado para su construcción. La ornamentación sólo puede aceptarse si forma parte intrínseca del elemento diseñado. Podemos concluir que el éxito de los muebles gaudianos radica en su armonía, gran belleza pero sobre todo a una funcionalidad asombrosamente integrada con las otras dos cualidades.


























