La cerámica de la Axarquía en crisis

La crisis está causando estragos en la industria cerámica artesanal veleña. Arrastrado por la caída de la construcción, el sector de las baldosas de barro ha lanzado una llamada de socorro dirigida a la Junta de Andalucía, a los ayuntamientos de la comunidad autónoma andaluza y- de manera especial a los de la provincia- para que utilicen los materiales que realizan los tejares de Vélez como vía para evitar el desplome total de estas fábricas, que han pasado en apenas cuatro años de emplear a más de medio millar de trabajadores a medio centenar, lo que significa un 90 por ciento menos. De las 45 fábricas instaladas en la capital de la Axarquía, solo quince permanecen abiertas, aunque la demanda es tan escasa que se han visto obligadas a reducir la producción a solo varios días de la semana. La importancia de este sector para el municipio es clave, ya que fabrica el 65% de los ladrillos árabes que se comercializan a nivel nacional.

Según a Asociación de Ceramistas Artesanos de Vélez, que agrupa al 90% de la fábricas, el sector sobrevive con la producción de materiales para la exportación, los destinados a las obras de rehabilitación de monumentos que se están realizando en Andalucía (Córdoba, Sevilla y Cádiz, fundamentalmente), los que se comercializan para la modernización de algunos paradores nacionales y la construcción de los pocos hoteles y casas rurales que se están ejecutando actualmente, según el presidente del colectivo Francisco Gámez. «Durante los dos últimos años hemos ido fabricando a un ritmo mucho más bajo que el que teníamos en pleno 'boom' inmobiliario, pero dado que no se vende nada hemos tenido que tomar la decisión de trabajar solo algunos días sueltos por semana. Tenemos tanto material en stock que sin fabricar una sola pieza más habría suficiente para estar comercializando un año. Algunas industrias podrían vivir incluso tres ejercicios sin producir una sola pieza», lamenta Gámez.
 
Así las cosas, no es de extrañar que desde la Asociación de Ceramistas, colectivo que agrupa a once de los quince tejares que todavía quedan en el municipio, haya pedido públicamente a las administraciones públicas que traten de utilizar los materiales que se fabrican en Vélez para así salvar a un sector, que de ser uno de los motores económicos de la comarca, «ha quedado reducido a una mera actividad familiar». «La poca mano de obra que generamos la ocupamos con los miembros de las familias que estamos al frente de la decena de fábricas que seguimos abiertas», añade. Según Gámez, los ladrillos árabes que se producen en Vélez son de una gran calidad, razón por la cual se han usado en la rehabilitación de la Alhambra de Granada, la Catedral de Málaga y el propio Museo Picasso.

Piezas moldeadas a mano

«Las piezas se siguen moldeando a mano, una a una, de la misma manera que lo hacían los árabes hace más de 500 años. No somos los únicos, aunque en otros lugares de España lo que se hacen son imitaciones. Casi la mitad de nuestra producción es adquirida por distribuidores que la comercializan bajo otras marcas, aunque están fabricadas en Vélez. Afortunadamente, hay pueblos que están apostando por este material en las reformas de sus calles y plazas, como es el caso de Riogordo, aunque todavía hay otros que ni lo han barajado».
 
El presidente del colectivo lamenta así que los ladrillos macizos o rústicos que se fabrican en la comarca de la Axarquía sean valorados mucho más fuera de Andalucía. «Tenemos clientes catalanes que no logran entender cómo es posible que las instituciones no hayan apostado más por el uso de estos materiales y, en cambio, sí se esté haciendo en poblaciones que nada tienen nada que ver con esta tradición cerámica», ha explicado Gámez.
 
La demanda ha caído tanto que el sector se ha visto obligado a dejar de utilizar los modernos hornos instalados por la mayoría de las industrias que todavía siguen abiertas y que usan como combustible el gasóleo C porque resultan mucho más caros. «Son más grandes y los componentes que liberan a la atmósfera son inferiores. Sin embargo, encarecen el material hasta dos veces, por lo que casi todos estamos trabajando con los tradicionales hornos árabes, aunque con biomasa (cascaras de almendra y huesos de aceitunas), porque nos resulta más económico», apunta Gámez.
 
El cambio de hornos obligó a los tejares a realizar fuertes inversiones, en parte presionados por las administraciones, aunque en la práctica no se utilizan. Pese a todo, la Junta somete a controles periódicos a la industria cerámica artesanal para comprobar si las emisiones que realizan entran dentro de los parámetros exigidos. «De las quince que quedamos, once estamos adaptadas y nuestras emisiones están treinta veces por debajo de lo que establece la normativa, sin embargo no se actúa contra las que no han invertido nada y siguen usando materiales de derribos y neumáticos para cocer el barro», denuncia el presidente de la Asociación de Ceramistas Artesanos de Vélez.

Noticia vía Diario Sur

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