Patios rústicos

Patios rústicos

Juan A. Arias

Re-descubramos uno de los tipos arquitectónicos más antiguos de hábitat humano.
 

Patio estilo mediterráneo blanco con piscina

Todos sabemos qué es un patio. Pero cada uno tiene su idea personal de patio. Hoy nos centramos en ese patio humilde y acogedor. En el lugar de descanso donde el reloj se para. Un espacio al margen de modas y por el que no pasa el tiempo.

No vamos a estudiar una gran casa con patio y una enorme parcela. No buscamos una alternativa “urbana” a los grandes chalets unifamiliares de las clases medias-altas.

Queremos:

Un hábitat acogedor al alcance de la inmensa mayoría. Quizá por ello, hablaremos de las ideas más básicas. Configuraremos el tipo más el elemental y a la vez más genuino de patio, que es el de patio rústico.

Un poco de historia

Existe cierta similitud entre la organización entorno al centro, entre la planta de este tipo arquitectónico y la de las casas trogloditas de tipo pozo (excavación vertical como las de Matmata, en Túnez). También sucede esto en las casas halladas en las excavaciones de Ur, en Mesopotamia, fechadas a comienzos del tercer milenio antes de Cristo.

La necesidad de aislarse del clima desértico y, a la vez, crear un ambiente íntimo y privado dio como resultado la casa patio. El patio rústico es el origen mismo del patio. Desde este se evolucionó hacia la casa patio griega, la domus romana y las discretas casas patio islámicas.

Los patios que evolucionaron hacia la sofisticación y la opulencia nunca gozaron del encanto o del aire acogedor de un patio rústico.

Nuestra actitud

Algunos lugares son ideales para ambientar espacios al aire bajo esa temática. El patio rústico nació de las costumbres y características propias de las comunidades campesinas de origen mediterráneo. Es algo muy nuestro. Quizá, por ello nos sintamos tan bien en él.

No es extraño que nos fijemos en los patios de casas rústicas para inspirarnos y tratar de recrear esa atmósfera en nuestro hogar. El ambiente es nuestro objetivo. El espacio exterior, bien entendido, puede ser una extensión del interior y viceversa. Llegados a este punto vamos a entender el patio como una habitación más (en este caso, sin techo). Para un mayor soleamiento del patio será preferible una casa de una sola planta.

Una casa de una sola planta tiene, además, la ventaja de permitir una diversidad de alturas de techo entre las diferentes estancias, así como de formas de la cubierta. Se pueden utilizar lucernarios, que hoy tienen nuevas posibilidades con la utilización de nuevos materiales. Este tipo de casa da una solución más individualista. Es singular en su modo de habitar. Pero se trata de un individualismo educado, contenido dentro de sus muros. Como la casa mira hacia dentro en lugar de manifestarse hacia afuera, no es necesario que la fachada sea muy expresiva. Las fachadas pueden ser vallas anónimas, tras las cuales palpita un mundo diverso que cada familia construye por y para sí misma. La privacidad en un espacio exterior es algo muy valorado en la cultura mediterránea.

Diseñemos nuestro patio

La experiencia nos ha hecho plantearnos la medida ideal para el patio rústico de una familia, que, como comprobaremos más tarde, no debe disminuirse por debajo de 5 m de lado, ya que al reducir el lado del cuadrado se produce una reducción de todas las estancias de la planta que se abren al mismo. En cuanto a su uso como “sala a cielo abierto” vemos la consonancia con su origen. La vivienda mínima mesopotámica, griega o incaica aparece de forma natural. El patio debe ser transitable, atravesable y ocupable al máximo, so pena de convertirse en un enorme ornamento. Todo ello nos devuelve a la premisa de los climas áridos o, al menos, mediterráneos. Es el clima de los patios por antonomasia. Además, por tradición, es la tierra cocida en horno (terracota) el revestimiento estrella para el suelo de nuestro patio rústico.

¿Existe algo más nuestro que un patio con suelo de barro?

Crear ambiente. Autenticidad

Elementos naturales como la terracota, la piedra y la madera en un estado rústico son el sustento de los patios mediterráneos. Los colores representativos de los antiguos cortijos pueden ser plasmados al pintar las paredes de blanco. Así quedan enmarcados los materiales básicos (piedra, barro o madera) dando su máxima expresividad.

El estilo rústico bien parece imitar la esencia de las casas de campo. Este se alimenta de la nostalgia del pasado en casas que inspiran el verdadero valor de un hogar. La madera es otro de los materiales naturales por excelencia. Una pérgola poco elaborada sobre un suelo de barro envejecido puede trasladar el ambiente de un patio actual a otra época. Se trata de elementos que visualmente tienen historia, es como si tuvieran huellas del paso del tiempo en su propia piel.

El color tierra es uno de los más frecuentes en el estilo rústico. Además, una imagen visual que representa a la perfección este tipo de hogar es la de un salón con una chimenea de leña. Por sus características, traslademos ese concepto a nuestro patio como gran salón al aire libre. Nos va a resultar fundamental incluir el fuego como ¨hogar¨ central de reunión en las noches de verano. También se nos ocurre una barbacoa familiar o con amigos.

Si puede ser, en el campo. Casas situadas en entornos rurales que respiran la tranquilidad de la vida del pueblo y que, por tanto, son el mejor refugio para un fin de semana de relax compartido en familia.

Las flores naturales también son un elemento representativo de este tipo de decoración.

El patio rústico tiene mucha personalidad por la autenticidad y aporta sensaciones agradables a toda la familia. En él puedes incorporar lo que pensabas que era imposible. Ya que, si has heredado algún mueble de tus antepasados, este encajará perfectamente en la estética del ambiente.

Existen muchos tipos de patio rústico. Solo algunos de ellos son realmente evocadores. Destacan entre todos los andaluces con su blancura y los toscanos de tonos tierra.

Conectando con la naturaleza

Sin duda, se trata de uno de los espacios más importantes de las casas en primavera y verano. Las personas a las que gusta pasar tiempo en contacto con la naturaleza, buscarán ese lugar y por tanto es importante ofrecer algunos espacios para disfrutar en el día a día.

Tu patio rustico, puede ser un espacio maravilloso para largas tertulias con los amigos, cenas en familia, disfrutar de un buen libro… podríamos decir que se trata de una especie de salón-comedor estival y podemos acondicionarlo dependiendo de las actividades que queramos realizar en él.

Si no disponemos de porche estructural, también podemos acondicionar uno nosotros mismos con algún toldo de fibras naturales o una estructura metálica con enredaderas que nos deje más resguardados. Eligiendo las especies vegetales adecuadas podemos mostrar la estacionalidad y refugiarnos a pleno día en verano bajo una fresca y frondosa parra. Igualmente, el sol de otoño nos puede regalar tardes soleadas maravillosas gracias a la hoja caduca.

La presencia de grandes tinajas de barro cocido para plantar pequeños árboles y flores aportan una importante dosis de elegancia al crear encantadores espacios exteriores, fieles a los antiguos patios mediterráneos. Asentadas sobre grava o el propio césped existente son un atractivo ineludible para ser disfrutado por las personas presentes en el lugar.

El agua

Indudablemente, las fuentes de agua son el punto focal por excelencia de los patios islámicos. El fluir armonioso del agua y el sonido de la misma en caída libre sumergen a las personas presentes en una perfecta sensación de serenidad mezclada con una marcada presencia de la naturaleza.

Distintos modelos pueden representar fielmente las tradicionales características de las fuentes andaluzas, destacándose dentro de ese grupo aquellas compuestas por jarrones y enmarcadas por piedras naturales que sirven como contenedoras del agua.

La presencia del agua va de la mano de la vegetación para crear esa atmósfera que el patio islámico ha desarrollado como ninguno. Esa casa patio rústica con cubierta plana transitable en clima semidesértico debe tener un patio arbolado con una fuente o un pozo. En verano se disfruta de la sombra y el frescor en el patio. En invierno se puede subir a la cubierta a disfrutar del sol e incluso de los cítricos cogidos directamente de la copa del árbol. Un verdadero lujo muy lejos de la ostentación.

Gastemos lo justo

Si bien algunos elementos pueden significar un importante gasto, en general es bastante económico recrear fehacientemente los maravillosos patios rústicos mediterráneos. Basta con saber que no se necesitan demasiados ingredientes. Resulta interesante saber que un proyecto adecuado se centrará en pocas ideas o solo una. Además buscamos la humildad del patio rústico tradicional. Por tanto será fácil focalizar el gasto, por ejemplo, en un suelo protagonista. Siendo auténtico durará toda la vida. La sencillez es una virtud El resto puede cambiar y podemos probar con elementos reciclados. El límite lo pone la imaginación.

En el proyecto tenemos la clave. Definiendo al detalle lo que se quiere y decidiendo con sensatez. A partir de ahí hay que saber parar y disfrutar.

¨Ya tenemos nuestro patio rústico. El de siempre y para siempre¨

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